La cabaña
Las gotas de lluvia le taladraban la cabeza, le llamaban, le gritaban, pero él no tenía oportunidad de darse cuenta, estaba recogiendo muy apresurado todas sus cosas, estaba húmedo el aire, estaba blanda la tierra, la yerba cubría casi todo, se sentía el enorme peso de la pena sobre sus hombros y el cuello, estaba entre llorando y riendo, no lo podía soportar más, por fin terminó de levantar sus objetos, se paró, se levantó y salió corriendo.
Era el bosque más oscuro en el que había estado, que siquiera había imaginado, estaba corriendo pero no avanzaba nada, la luz del sol estaba a punto de extinguirse, tenía que salir de ahí. La respiración le apretaba las costillas, el alma, estaba tan cansado, tan débil, pero el miedo lo arrastraba por el bosque, lo arrastraba hacia afuera, tenía que llegar a la cabaña. Se tropezó, rodo por un desfiladero, se cortó con las ramas, con las espinas, y el ruido casi lo alcanzaba, volvió en sí, se levantó de nuevo y vio que estaba a un tiro de piedra de la cabaña.
Le nacieron fuerzas nuevas, le creció ímpetu y poder, corrió como nunca había corrido, con el anhelo de ver a quien toda la vida has aguardado por ver, corrió sin tropezar, sin desfallecer, corrió directo y sin estorbos, fue el recorrido de su vida, cada paso era perfecto, seguido por otro igual de perfecto, entonces llegó hasta la puerta de aquel lugar, cumplió su objetivo, le sacó mucha distancia al ruido, llegó y se dio cuenta de que no traía la llave.
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